Coronavirus COVID-19. Quo Vadis?

Nos encontramos en los últimos días del fatídico 2020. A lo largo de este año hemos pasado por toda suerte de privaciones, limitaciones, miedos, restricciones y hemos sido diaria y puntualmente informados acerca de la evolución de los contagios de la pandemia en casi todos los países y, lo peor de todo, sobre los ya más de un millón ochocientos mil fallecidos en todo el mundo*.

Se apuntan soluciones entre las cuales, la principal, la tan deseada vacuna. En este sentido están apareciendo numerosas voces críticas que obligan a reflexionar y a cuestionarse las medidas adoptadas y las que se van a tomar en el futuro.

 

Por ello, he decidido informarme a fondo y realizar un resumen de datos debidamente cribados, o como popularmente diríamos, he “separando el grano de la paja” y así saber a qué atenerme, y a qué atenernos.

Porque, sin duda, hace falta una profunda reflexión a la pregunta ¿Hay que vacunarse?

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Origen del virus

En mis reflexiones escritas en marzo que, probablemente leíste**, dejé constancia de que sería difícil saber si este virus, cuya existencia es innegable, ha sido fruto de la evolución darwinista o bien tiene un origen antropológico. En este segundo caso, un virus expresamente diseñado y fabricado por el hombre con alguna precisa finalidad. De ser así, ¿quién y con qué finalidad? Dudo que lo sepamos nunca.

¿Existe realmente una pandemia?

Hemos escuchado muy diversas voces, no todas autorizadas, dudando o incluso negando la pandemia. Tal negación debería sustentarse sobre datos epidemiológicos concretos y fiables, ya que la realidad de los datos indica, sin lugar a duda, que nos encontramos ante una muy importante pandemia (epidemia que alcanza a todos las zonas geográficas del mundo).

Sin embargo, si contextualizamos y tomamos como referencia la pandemia del VIH (SIDA) y la mal llamada Peste Española de hace un siglo, la pandemia originada por el Covid-19 podríamos considerarla una pandemia en minúsculas. El virus del del VIH es mucho más fácil de erradicar, pues solo se transmite por contacto directo vía sanguínea. Pese a haber provocado más de 39 millones de muertos en todo el mundo y seguir conviviendo entre nosotros, por fortuna su transmisión va a la baja. En cuanto a la Peste Española o Gripe Española, mató entre 1918 y 1920 a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo.

Con el Covid-19, millones de personas han resultado contagiadas y ya casi sumamos 2 millones de muertos en todo el mundo en un año. Podemos discutir la exactitud de las cifras, pero aun admitiendo un valor de incertidumbre elevado, la realidad del resultado es innegable. En muchos casos, como sucede en España, Brasil y otros países, las cifras oficiales de fallecidos por Covid-19 son inferiores a las reales quizás por falta de análisis que confirmen la causa de la muerte o porque políticamente no interesa decir la verdad. Estados Unidos lidera la estadística mundial de fallecidos. Le sigue Brasil. Dos países absolutamente distintos.

Es cierto que el porcentaje de población fallecida es de momento bajo en comparación a otras epidemias y que la mortalidad se ha cebado singularmente en personas mayores (4%), con un escaso y pobre entorno afectivo, mala alimentación y con patologías previas. Pero esto no es óbice para restar importancia a la pandemia. Según los últimos datos (diciembre 2020) facilitados por el Ministerio de Sanidad, entre los 15 y los 60 años se da el mayor número de contagios, si bien los fallecimientos son solo del 0.1% en este grupo. Los contagiados de menos de 40 años presentan una mortalidad nula (0%). Por sexos, en España fallecen el doble de hombres que de mujeres.

Las medidas implementadas en todos los países para contener la expansión han tenido unos efectos devastadores sobre la economía. Cabe pues preguntarse a qué país le puede interesar proclamar una pandemia que no exista.

La teoría de la conspiración

Ante tamaña desgracia mundial se han prodigado abundantes comentarios acerca del origen del virus. En última instancia, dado que surgió en China y que desde allí se propagó a todo el mundo, se ha dicho en innumerables ocasiones que China había diseminado adrede el virus para dar un giro copernicano a favor de su floreciente economía.

Las cifras macroeconómicas de China indican desde al menos los últimos 5 años que este país no precisa ninguna salvación. De hecho, China, se ha convertido en la primera potencia mundial sin necesidad de actuar “bélicamente” contra las economías occidentales, economías de las que China depende a su vez. Por lo tanto, creo firmemente que acusar a China carece de fundamento lógico.

Tampoco es creíble que China dirigiera una soterrada guerra biológica contra USA con un arma letal cuyo control resulta imposible y que, como ya se ha demostrado, ejerció un efecto bumerang. Ciertamente, sería una estrategia estúpida.

Es probable que este virus se desarrollara experimentalmente en el laboratorio de virología de Wuhan, no como arma de guerra biológica, sino dentro del marco de investigaciones encaminadas a desarrollar lo que en lenguaje militar se conoce como contramedidas. Las contramedidas, como sugiere la palabra, son hoy en día sistemas mayoritariamente optoelectrónicos, tácticas o ambas cosas a la vez, diseñadas para evitar o minimizar el impacto de un cierto tipo de ataque. Los departamentos de defensa de las grandes potencias se ocupan en investigar posibles ataques biológicos propios o de extraterrestres, que en un futuro no muy lejano puedan acontecer.

No cabe pensar en modo alguno en una actuación bélica premeditada sino en un fallo en la seguridad del laboratorio de virología si realmente éste fuera su origen.

Los medios de diagnóstico

Los datos epidemiológicos de que disponemos se han basado mayoritariamente en criterios médicos y por los análisis clínicos realizados: PCR para detección de antígenos y/o anticuerpos.

Los análisis bioquímicos están sujetos a una incertidumbre como cualquier otra medida. No hay errores, solo una incertidumbre dentro de lo aceptable. Otrosí, es la fiabilidad del método referida a su correlación con la enfermedad. No vamos ahora a entrar en detalles técnicos que seguramente escapan a los legos en la materia, pero sí se puede afirmar que la fiabilidad final de los métodos de análisis, descontando falsos positivos y falsos negativos, se puede estimar como mínimo en un 85%. No conocer todavía -precisará algunos años- la respuesta inmunitaria de la población es una de las causas que resta eficacia a los análisis.

En cualquier caso, los análisis son una herramienta muy poderosa a la hora de seguir, controlar y evaluar la pandemia.

Las terapéuticas

Ante tanto desastre solo cabe esperar encontrar la receta para no infectarnos, o curarnos si hemos resultado infectados. Nos informan ahora de la aparición en el mercado de diversas vacunas expresamente diseñadas para contraatacar al virus. Con ellas, se nos antoja la panacea y puede que sea así. A la par, aparecen diversos especialistas en virología, genética y otras ramas de la medicina que nos alertan de los posibles peligros de las vacunas, lo que se conoce como efectos secundarios.

Todo medicamento tiene efectos secundarios. Para autorizarlo y poder ser comercializado, las autoridades sanitarias tienen en cuenta el cociente beneficio/riesgo. Los riesgos se clasifican en leves, graves o muy graves, y también, en su ocurrencia. Hoy en día, no se sabe con certeza cuales son los efectos secundarios de las distintas vacunas disponibles para hacer frente a este virus, si bien algunas pueden tener efectos más graves que otras. Si la vacunación masiva logra frenar drásticamente la expansión y prevalencia de la pandemia ya será un éxito. De hecho, no se pretende otra cosa ya que ninguna vacuna cura, solo nos protege frente a un determinado patógeno infecto contagioso.

Las autoridades sanitarias y los medios de comunicación nos están explicando toda la logística necesaria para proceder a esta vacunación masiva. Alcanzar este objetivo en tiempo y forma es un reto mayúsculo. En consecuencia, vacunar a toda la población mundial no podrá llevarse a cabo de manera completa en menos de 5 a 7 años. Presumiblemente dispondremos antes de una medicación eficaz con la capacidad de neutralizar los efectos del contagio en pacientes sintomáticos.

Las vacunas que están llegando se han diseñado y autorizado por procedimiento de urgencia dado el cataclismo económico que sufre la población mundial. Es preciso erradicar cuanto antes la enfermedad y volver a la normalidad. Esta urgencia se contrapone al tiempo necesario de meses, incluso años, necesarios para poder valorar con certeza la respuesta inmune conseguida. El estudio de las vacunas frente a este virus se inició hace algunos años con el virus SARS, muy parecido al SARS-COV-2 (COVID-19). De modo que cuando estalló la pandemia se tenía ya mucho conocimiento de esta familia de virus patógenos. O sea, no se ha improvisado ni se han saltado etapas. A diferencia de lo que ocurre normalmente con cualquier desarrollo de un fármaco que precisa unos años para poder ser fabricado en cantidades industriales, en este caso, a partir del conocimiento previo existente y una inversión económica brutal ha permitido poner a punto toda la maquinaria, equipos y sistemas en un tiempo récord para proceder a la producción en masa de la vacuna.

La tipología y ocurrencia de los efectos secundarios, que seguro se darán, no podrán conocerse hasta que no hayan transcurrido unos años. Esto, porque hay efectos que no se presentan a los pocos minutos u horas después de la administración de la vacuna, sino que son de acción lenta y pueden tardar en aparecer. No obstante, conviene saber que en todas las vacunas conocidas y de uso habitual, el 95% de los efectos secundarios aparecen 6 semanas después de la última dosis.

En esta línea de largo tiempo se encuentran las vacunas de Pfizer y Moderna basadas en la inoculación de un RNAm del Covid que al llegar a la célula genera nuevas proteínas frente al virus, pero al tratarse de un proceso de transgénesis algunos genetistas apuntan a que puedan producirse cambios en la especie humana. Personalmente, me parece exagerado, fundamentalmente porque todavía desconocemos muchos de estos mecanismos. No se sabe hoy en día cómo reaccionarán las células al replicarse, si modificarán su estructura genética o no, o en parte, y qué parte si así fuera. Uno podría decir: ante la duda, abstente.

Las vacunas desarrolladas por Astra Zeneca y la Sputnik 5 rusa, quizás sean más seguras porque no usan ARNm sino un adenovirus modificado con material del coronavirus, el cual no puede actuar sobre la replicación, pero genera proteínas que pueden afectar al sistema inmunitario. La vacuna desarrollada en China parece, de entrada, la de menor generación de efectos secundarios. Es una vacuna típica, o sea, que se inyecta el virus atenuado y una vez en las células, éstas generan anticuerpos específicos.

¿Nos vacunamos?

Las farmacéuticas que nos proporcionan las vacunas ya han advertido desde el primer momento que hay ciertas limitaciones y que no pueden ser administradas a mujeres embarazadas o en lactancia, menores de 16 años, personas que sufren diabetes, problemas renales o que tienen el sistema inmunitario deprimido por cualquier causa.

Los demás, podemos optar por vacunarnos o no. En mi opinión, hay un grupo de edad, los cercanos o mayores de 60 años, que disponemos de una inmunidad global adquirida a lo largo de los años vividos. Es como una hucha cargada de muy diversos anticuerpos. Esta inmunidad viene proporcionada por los linfocitos T y B y nos protege de muy distintos patógenos, virus incluidos. Esta inmunidad adquirida se demuestra por la tan alta proporción de la población mundial que no ha contraído la enfermedad después de tantos meses de exposición a la misma. Las medidas de distanciamiento y de protección han sido ampliamente debatidas, incluso cuestionadas, y la realidad es que su eficacia no es demasiado alta. Prueba de ello es que en los hospitales el personal sanitario utiliza protecciones especiales las cuales sí son eficaces. La mayoría de la población pues, hemos estado expuestos. Probablemente, esta exposición ha generado cierta inmunidad en muchas personas.

Insisto en recordar que, si bien la mayor mortalidad se da en el grupo de edad superior a los 70 años, es sin duda a causa de otras patologías subyacentes.

Algunos genetistas apuntan a posibles efectos negativos sobre la placenta y también sobre los testículos. Hasta que no se disponga de evidencias sobre dichos efectos quizás sea desaconsejada la vacuna en aquellas personas jóvenes que desean tener descendencia.

De momento, es imposible vacunar a todo el mundo en un breve plazo de tiempo, digamos pocos meses, por lo cual tendremos ocasión de ir comprobando la eficacia de las vacunas y de conocer sus efectos secundarios.

No vacunarse puede resultar un riesgo para muchas personas, por ello se han establecido unas prioridades. Seguro que muchos querrán vacunarse enseguida y no podrán. Los jóvenes de menos de 40 años presentan mortalidad nula. Si no se vacunan, pueden contagiarse y estar unos días “de baja”, pero nada. No obstante, si enferman, ocasionan pérdidas económicas y tienen gran capacidad para diseminar el virus y contagiar a otros. Por responsabilidad, deberían vacunarse.

Sin duda, todo el personal sanitario y todas aquellas personas de servicio público, por su mayor exposición asumen un riesgo también mayor y por lo tanto su vacunación es aconsejable.

Como hemos dicho anteriormente todo tiene un riesgo. Nadie desea morir prematuramente. Los beneficios de la vacuna seguramente serán muy superiores a los inconvenientes, fallecimientos incluidos. La cifra de fallecidos en el mundo va ascendiendo día a día. Con toda seguridad, la vacuna rebajará drásticamente esta cifra. Al final, se impone prevenir antes que curar. Como siempre.

El futuro corto y medio plazo

Nadie dispone de la bola de cristal que indique el camino más adecuado a seguir. Sin embargo, vamos adquiriendo conocimiento y, en la medida que este avance, progresaremos en la resolución definitiva de la pandemia. Los interrogantes principales, que ya hemos comentado en el párrafo anterior, se disiparán cuando tengamos conocimiento preciso de nuestra respuesta inmune y también la de los animales domésticos con los que convivimos. La potencia y la duración de esta respuesta será la clave.

Personalmente, creo que al igual que ha sucedido con otras muchas patologías, la medicación específica es la que realmente nos salvará. Lo hemos comprobado con el sarampión, el tétanos, la fiebre amarilla, las fiebres de malta (brucelosis), la tuberculosis, la lepra, malaria, incluso el ébole y el SIDA.

Cabe pues lugar al optimismo, pero dándonos un tiempo, el suficiente para que el conocimiento nos ofrezca las mejores soluciones.

Sant Sadurní, en el último día del fatídico año 2020.

www.ramonviader.com
rv@ramonviader.com 

Notas:

Ministerio de Sanidad, información COVID-19: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/home.htm

* https://en.wikipedia.org/wiki/Template:COVID-19_pandemic_data

** https://ramonviader.com/sinopsis-la-pandemia-del-coronavirus-covid-19-sars-cov-2/

Sinopsis sobre la pandemia del coronavirus COVID-19 (SARS CoV-2)

Estimado amigo lector:

Me complazco en hacerte partícipe de mis reflexiones acerca de lo que estamos viviendo y sufriendo a consecuencia de esta pandemia que está asolando el mundo desde hace ya cuatro meses. Ante todo desastre, excepción hecha de los geológicos, se hace necesario averiguar sus causas, su origen, pero cuando su magnitud se proyecta a escala global uno no puede sustraerse a imaginar que algún mensaje importante subliminal nos ha sido enviado.
La humanidad ha sobrevivido a muchos desastres aún a costa de dejar millones de muertos. Pero este hecho, ampliamente asumido, no puede ser óbice para que no examinemos el presente con cierta preocupación.

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UNA VISIÓN PSICOFILOSÓFICA

La pandemia que vivimos es una infección que afecta a las vías respiratorias, los pulmones. Mediante los pulmones eliminamos lo malo (el CO2 generado en el metabolismo celular) e ingresamos oxígeno para alimentar a las células. Respiramos!! El oxígeno nos da vida.

La respiración es un acto rítmico que se compone de dos fases, inhalación y exhalación. Ambas concatenadas de modo que una no puede existir sin la otra. Una fase compensa la otra y juntas, forman un todo. Es, en definitiva, un proceso de intercambio. Un intercambio con nuestro entorno que nos impide vivir aislados. El aire que respiramos, los átomos de oxígeno que contiene, han pasado por los pulmones de millones de personas antes de penetrar en los nuestros. No vivimos pues, aislados. Compartimos involuntariamente lo más importante e íntimo, el oxígeno que nos permite seguir vivos. Por muy deseoso que el ser humano esté de encapsularse en su ego, la respiración le obliga a mantener la unión con lo ajeno al yo. La respiración nos une constantemente con todo. Respiramos del mismo aire que respiran los animales y las plantas. La respiración tiene algo que ver con “contacto” y “relación”.

Los pulmones, con sus setenta metros cuadrados de superficie, son nuestro órgano de relación más extenso e importante mientras que la piel apenas mide dos metros cuadrados de superficie. El contacto con la piel es totalmente voluntario, más comprometido y más intenso y sensual. El contacto con los pulmones es, por contra, involuntario y obligatorio.

Hay muchas expresiones que exponen la relación entre el aparato respiratorio y nuestra relación con quienes nos rodean. Me deja sin aliento, no puedo ni olerla, se me corta la respiración, suspiro, me ahogo, desahogo, todas ellas, íntimamente relacionadas con los conceptos de libertad, espacio vital, aceptación-rechazo. Respirar és, en definitiva, asimilar la vida, nuestra propia vida, integrada en nuestro entorno.

La vida monacal, la clausura a la que voluntariamente se someten algunas personas, puede interpretarse como un mecanismo de huída, de apartarse de la sociedad. Algunas órdenes imponen en su disciplina el silencio, sea para no comunicarse y fomentar la introspección, sea para no contaminar al vecino. Monjes y monjas pasean por los claustros de los conventos alejados entre sí como hacemos ahora nosotros cuando salimos a comprar. Cabe recordar que cuando nacieron las órdenes monásticas allá por el siglo X, no se disponía de ningún medicamento y, frente a enfermedades infecciosas, el aislamiento era la única medida eficaz.

Las personas más afectadas por el coronavirus son, mayoritariamente, las de mayor edad. Presentan cuadros de dificultad respiratoria parecidos al asma y suelen precisar respiración asistida. Cuando uno envejece tiende a inhibirse de una sociedad en la que ya no se siente cómodo y, al igual que el asmático, percibe el entorno como algo peligroso que le genera miedo. Miedo a admitir ciertos aspectos de la vida moderna. En cierto modo, la vida le ahoga. A veces, el afán de cerrarse persiste hasta alcanzar su punto culminante en la muerte.

La infección es un enemigo que nos ataca y al que intentamos combatir con nuestras defensas. La salud no se concibe solamente como la ausencia de enfermedad, con el bienestar físico, sino también con el bienestar mental, con el bienestar espiritual. La medicina psicosomática nos enseña a contemplar al individuo como una unidad en el plano físico y el emocional. Corpore sano in mens sana.

Si proyectamos la infección al plano emocional, la infección representa un conflicto y los conflictos pueden ser percibidos o no, pero están ahí. En tanto en cuanto el cuerpo es expresión de la conciencia, determinados problemas emocionales tienen, muestran, su contrapartida corporal.

Observemos que este virus nos penetra por la boca, la nariz, incluso se ha dicho, por los ojos, o sea, por las mucosas, las partes más blandas, más expuestas, más débiles. Cada parte y cada órgano del cuerpo corresponde a una determinada zona psíquica, una emoción y una problemática determinada. ¡Estoy hasta las narices! Una expresión que somatiza un determinado estado de ánimo. La nariz tapada por el resfriado, ahora por la mascarilla, dificulta hablar o desanima a comunicarse, incluso con la amenaza ¡No te acerques! ¡Estoy resfriado!, se saca uno a la gente de delante. Esta actitud defensiva se refuerza con los estornudos y la tos seca, la “tos de perro” que se manifiesta ahora en los infectados por el virus. También por la boca entra el aire y el alimento y nos sirve la boca para hablar, comunicarnos, relacionarnos. El virus nos obliga ahora a cerrarla. ¡Cállate la boca! ¡Porqué no te callas! un duro imperativo que nos ordena no hablar más. ¿No querías caldo? ¡Pues toma tres tazas! La comunicación oral mutó hace tiempo al medio virtual. Entristece ver una mesa con varias personas, amigos, novios, padres e hijos, todos volcados al móvil en vez de hablar.

Cuando el agente infeccioso penetra en nuestro cuerpo, en el plano psíquico corresponde al reto de saberse ante un problema y la necesidad de superarlo.

El obligado parón de toda actividad industrial y comercial en todos los países afectados (155), que son casi todos, se ha traducido en un descenso muy notable de la contaminación ambiental. Entre todos hemos conseguido que el ambiente sea más respirable, más sano. ¡Respira hondo! exclamamos cuando hemos resuelto el problema.

Vivimos en una civilización en la que vemos, pero no observamos, hablamos mucho pero, paradójicamente, no nos comunicamos y no escuchamos. En cierto modo, se ha impuesto el culto al cuerpo y todo rechazo al esfuerzo y al sacrificio.

Digo yo que limpiar constantemente el espejo, no mejora al que se mira en él. En lugar de buscar en el espejo la causa y la solución de todos los problemas reflejados en él, debemos utilizarlo para reconocernos a nosotros mismos.

Creo en definitiva que esta epidemia podría interpretarse como un deseo subyacente en la mente de las personas de alejarse de un entorno, de una sociedad en la que no nos sentimos cómodos. Deseamos un cambio drástico. La gente está cansada de una economía mal gestionada, de recursos mal administrados, de políticos ineptos y corruptos, de un planeta lastimado por el abuso en todos los ámbitos. Cambiar esta situación exige una revolución, una guerra (con inevitables víctimas) para luego renacer en otro mundo, quizás mejor.

ORIGEN DE LA PANDEMIA

Un virus nacido (?) en China que se difunde y expande por todo el mundo a causa de la gran circulación de aviones y personas. En mi opinión, un virus diseñado para la guerra biológica. Habrá que demostrarlo.

EPIDEMIOLOGÍA

Muy contagioso, se transmite de persona a persona por microgotas y también, por fómites contaminados.

Se transmite también en fase asintomática.

El periodo de incubación medio es de 5 días. Puede oscilar entre 2 y 14 días.

Afecta en un 60% a hombres y en un 40% a mujeres.

SÍNTOMAS CLÍNICOS

Fiebre, tos seca, cansancio y, a veces, diarrea. En este último caso si la infección ha sido por vía digestiva.

Puede producir anosmia y ageusia, si bien al parecer, temporalmente.

DIAGNÓSTICO CLÍNICO

Frotis nasal o/y faríngeo es fiable si se practica dentro de los primeros 5 días de la infección.

Otros: Ferritina (alta), plaquetas (bajas), D-dímero (alto), angiotensina II (alta), LDH (elevada).

MORTALIDAD

El 80% de los pacientes se curan espontáneamente. El otro 20% serán hospitalizados en UCI, de los cuales, la mitad morirán.

La mortalidad depende de varios factores: edad, predisposición genética, ciertas patologías previas (hipertensión, diabetes).

Mortalidad por edad: 50 años el 2%, 60 años el 4%, 70 años el 8% y más de 80 años el 16%.

La mortalidad global depende también de varios factores: hábitos de la población, genética, atención médica.

PREVENCIÓN

Evitar contactos personales (confinamiento, distanciamiento), higiene de manos.

Aquellas personas que se han curado deben restar confinadas durante dos semanas, pues en este tiempo, tienen capacidad para diseminar los virus y, por lo tanto, infectar a sus contactos.

TRATAMIENTO

Terapéutica: parece ser que lo indicado es un tratamiento mixto a base de Remdesevir (inhibe la RNA polimerasa) + hidroxicloroquina (inhibe la entrada del virus en la célula)+ Lopinavir/ritonavir (inhibidores de la proteasa)+ Interferón beta y alfa.

El tratamiento es muy efectivo especialmente en la fase inicial de la enfermedad.

A enfermos con ciertas patologías respiratorias (distrés respiratorio solamente) se administran corticoides a dosis altas para reducir las citoquinas. Estos tratamientos son de una duración de 10-12 días y deben realizarse en régimen hospitalario ya que la administración es por vía endovenosa y subcutánea.

En futuro: probable vacunación y tratamiento con plasma inmunizado (con anticuerpos específicos).

ANATOMÍA DEL VIRUS

Es un RNA virus con una capa exterior de glicoproteínas. Dispone de un enzima llamado transcriptasa reversa que lo hace muy mutante.

Mecanismo de acción: la vía de entrada principal es la pulmonar, donde penetra en las células (neumocitos) mediante los receptores de membrana ACE 2. Allí el virus se multiplica (utilizando el enzima RNA polimerasa de nuestras células y su transcriptasa reversa) a tenor de 1 x 100.000 y se disemina por todo el cuerpo.

Nuestro organismo responde a esta infección generando macrófagos y éstos, a su vez, citoquinas. Interfiere en la angiotensina, lo que provoca mayor trastorno pulmonar. La muerte suele ocurrir por parada cardiorespiratoria.

VOCABULARIO

Angiotensina II: hormona peptídica que provoca contracción de las venas y de las arterias causando un aumento de la presión arterial.

Dímero D: es un fragmento de proteína que se genera cuando un coágulo se disuelve. Es un indicador de trastornos de la coagulación.

LDH: enzima que se encuentra en el corazón, pulmón, hígado y músculo esquelético. Resulta aumentado su valor en procesos inflamatorios y/o traumáticos.

Macrófago: son células del sistema inmunitario capaces de fagocitar partículas, moléculas y bacterias, destruyéndolas.

Plaquetas: corpúsculos sanguíneos que actúan junto a otros factores en el proceso de coagulación de la sangre.

Transferrina: proteína encargada de almacenar el hierro plasmático en las células.

Transcriptasa reversa: es una polimerasa (enzima) cuya función es sintetizar ADN a partir de ARN. Se encuentra presente en los retrovirus.

RNA polimerasa: es una enzima que cataliza la transcripción del ADN para formar ARN mensajero.

Receptores de membrana: son proteínas o glicoproteínas que se encuentran ubicadas en la membrana (pared) celular permitiéndoles detectar sustancias químicas que por su naturaleza no pueden atravesar la membrana.

Citoquinas: son proteínas producidas generalmente por los macrófagos. Inducen la activación de receptores específicos de membrana. Se encargan de regular los procesos inflamatorios.

COMENTARIOS FINALES

No te preocupes excesivamente, pero no bajes la guardia.

Procura alimentarte bien, eso es, nutrirte adecuadamente. Un cuerpo bien alimentado está más fuerte frente a la enfermedad.

Los fallecidos en residencias geriátricas lo han sido como consecuencia de uno o varios factores sumados o no al Coronavid-19: patologías previas, contacto con otros infectados, edad avanzada (debilidad, vulnerabilidad), alimentación poco adecuada e incluso a la soledad.

Si tienes a alguno de tus progenitores en esta situación, llámalos a diario al menos un par de veces, y anímalos.

Dentro de las posibilidades de tu hábitat, intenta hacer ejercicio físico diario.

Mantén contacto virtual con tus más allegados.

Piensa que tu cerebro es tu rey. Pon optimismo, confianza, autocontrol, disciplina… En primera instancia, no infectarse depende de ti, de tus hábitos, de tu equilibrio físico y emocional, de mantenerte ocupado.

Estar confinado no es un problema. Es sin duda una oportunidad para mejorar. Decía Dale Carnegie: “Cuando te den un limón, hazte una limonada”. Eso es, actuar con inteligencia. Sé positivo: rodéate de actitudes y voces positivas. Aléjate del negativismo y el sensacionalismo. Si te infectas, quédate en casa y aíslate de los demás que convivan contigo. Solo esto. Tienes el 80% de probabilidades de curarte tú solo. Recuerda: vis medicatrix natura (la fuerza sanadora de la naturaleza).

Si por desgracia tu estado reviste gravedad llama al teléfono de emergencia, pero no salgas de casa para ir a un hospital.

Terminada la epidemia aparecerán muchas dificultades, de todo tipo, pero piensa en que debes ser como una pelota de goma: aprovechar el impulso de la caída para rebotar todavía más alto. ¡¡¡Así lo haremos!!!

Sant Sadurní d’Anoia, 30 de marzo de 2020.